Federico Boxaca fue el protagonista excluyente de la primer
conferencia sobre el vino que organizó La Sociedad. Para que a sus
palabras no las arrastrase el viento , nos legó este escrito con las
bases que no deben obviarse a la hora de enfrentarnos con un vino.
Según sus propias palabras, "disfrutar plenamente de un buen vino
obliga a atender previamente algunos detalles de orden práctico", y
en este artículo él enuncia los fundamentales.
El ambiente
Beber vino es una experiencia sensible. Así como apreciamos mejor un
concierto en una sala de teatro, los atributos del vino se perciben
con mayor justeza en un ambiente adecuado.
Si lo que se busca es hacer un juicio más o menos objetivo de la
calidad gustativa de un vino, se debe prestar atención a ciertos
aspectos del ambiente que son de importancia fundamental.
La presencia de ruidos, olores, colores intensos, mala iluminación
etc., distorsionan la capacidad de los sentidos para percibir
matices.
Los especialistas conducen sus pruebas en ambientes de color blanco
y luz natural (o artificial que imita la luz natural), y al abrigo
de toda distracción.
Obviamente no es necesario llegar a estos extremos para gozar un
buen vino, pero cuanto más adecuado sea el ambiente más cabal será
la percepción.
Las copas
La copa es de fundamental importancia en la apreciación del vino.
De su forma, espesor y color dependerá en gran medida la percepción
de los valores de su contenido.
La copa de vino debe reunir las siguientes condiciones mínimas:
a) La copa debe ser lisa e incolora
El tallado o los colores distorsionan el aspecto visual del vino.
b) Debe tener un tallo suficientemente largo como para asirla con
comodidad
El tallo muy corto o inexistente obliga a asir la copa del cuerpo,
lo que además de entorpecer la visualización del contenido, modifica
su temperatura.
c) La boca debe ser de menor diámetro que el cuerpo en el sector
medio
Los aromas de los vinos se percibirán con mayor intensidad en las
copas con este diseño.
El menor diámetro de la boca ayuda a que los aromas que se
desprenden de la superficie del vino queden retenidos por más tiempo
y alcancen una mayor concentración.
d) Deben ser de paredes delgadas
La delgadez de las paredes mejora la aptitud táctil de los labios y
predispone para una degustación más atenta.
(conozca la historia de la copa en nuestra sección
vinos-artículos )
La temperatura de servicio
Cada vino tiene una temperatura adecuada de servicio. Tal como
sucede con cualquier alimento, la temperatura a que se bebe el vino,
variará de acuerdo con sus características. Por regla general cuanto
más materia tenga un vino, más alta será su temperatura de servicio.
Los vinos con azúcares residuales o añadidas se beberán más fríos
que los de similar cuerpos pero secos.
El corcho y el descorche
El tapón de corcho tiene la finalidad de establecer una barrera
hermética entre el ambiente y el contenido de la botella.
El corcho es una materia vegetal, de hecho la corteza del
alcornoque, y por ende es de porosidad y elasticidad variable. Los
distintos grados de porosidad y elasticidad determinan la calidad y
precio de la materia prima.
El bodeguero determina, en función de la calidad del vino y del
tiempo que espera que permanezca en la botella, la calidad y el
largo del tapón que utilizará. Existen tapones de corcho "natural" y
de cocho aglomerado.
Los naturales son cortados con sacabocados directamente de las
plantas de corcho, mientras que los aglomerados son obtenidos
moldeando serrín de corcho impregnado con pegamento adecuados. Los
aglomerados son más baratos y de inferior calidad. Se los utiliza
sólo en los casos en que el vino permanecerá poco tiempo en la
botella, y cuando el valor del vino no justifica un tapón de mejor
calidad. Es de esperar por lo tanto, que un vino de guarda tenga un
tapón más largo, de 45 milímetros o más.
En el descorche se deben atender los siguientes detalles:
a)Cortar y retirar la parte superior de la cápsula a la altura del
reborde del pico.
b) Limpiar el pico de la botella con una servilleta.
c) Introducir el vástago del sacacorchos en el centro del tapón y
cuidar de no atravesarlo. Si el vástago aparece del otro lado,
seguramente hará caer migas de corcho que luego aparecerán en la
copa.
d) Extraer el corcho lentamente y si es muy largo hacerlo en dos
etapas (siempre sin ruido).
e) Observar y oler o dar inspeccionar el tapón. Ya sea por
contaminaciones biológicas en la materia prima o por problemas del
estacionamiento de las botellas, los tapones en algunos casos
desarrollan olores desagradables que pueden aparecer también en el
vino. Es el conocido "acorchado". Una buena inspección ocular y
olfativa del tapón nos anticipará este problema.
El champagne y los espumosos
Estos vinos merecen una atención especial en cuanto al descorche.
En primer lugar el tapón del champagne o el vino espumoso cumple una
finalidad más comprometida que el vino tranquilo. Además de hacer de
barrera a los agentes del ambiente (químicos o biológicos) debe
mantener la presión que existe en el interior de la botella.
Por este motivo se busca que el tapón entre muy forzado, para lo
cual se lo fabrica de diámetro mucho mayor que el interior del
gollete y para evitar un destape espontáneo se lo asegura con una
cestilla de alambre.
La forma de cono invertido, del interior del gollete ayuda también a
la retención y permite un mejor sellado. El tapón para espumosos
está constituido casi en su totalidad por corcho aglomerado, y los
buenos tiene dos capas de corcho natural en su interior. Estas dos
láminas tienen la finalidad de mejorar el sellado.
La extracción del tapón del champagne o vino espumoso, debe hacerse
de manera discreta, sin demostraciones de esfuerzo y con el menor
ruido posible.
Para ello, luego de haber quitado la parte superior de la cápsula y
aflojado la cestilla, (sin sacar esta para lograr un mejor agarre),
se lo rodea con una servilleta y se lo toma con toda la mano
reteniéndolo con el pulgar. Se practica luego un movimiento
giratorio, y esto en la mayoría de los casos, es suficiente para
despegar el tapón fácilmente. Una vez despegado, si la botella esta
en buenas condiciones, la presión hace el resto.
(conozca la historia del champagne
vinos-artículos )
El ventilado o destape anticipado de los vinos
Es frecuente escuchar que los vinos, y muy especialmente los tintos
deben ser destapados con cierta anticipación para que ventilen. Como
todas las generalizaciones, esta aseveración tiene un costado falso
y otro verdadero.
El vino es materia en permanente evolución. Desde su elaboración en
adelante el vino transita un proceso de permanente transformación
química y física.
Las reacciones químicas que se producen en su seno generan
substancias aromáticas, alguna de ellas agradables y otras
desagradables.
Antes de ser fraccionados los vinos permanecen en vasijas vinarias o
en toneles donde tiene lugar la crianza.
Estos contenedores que pueden ser inertes (de acero inoxidable u
hormigón revestido) o activas (de madera) permiten un cierto grado
de ventilación y la disipación de los malos aromas. Además el
ingreso de oxígeno que se produce en las vasijas o los toneles
inhibe la formación de algunas substancias de mal olor.
Cuando el vino es fraccionado el tapón corcho impide el intercambio
gaseoso y por ende las reacciones químicas que se producen dentro de
la botella lo hacen en ausencia de oxígeno.
Esto da lugar a la formación de compuestos de azufre, de olor a
"huevo podrido". La contaminación aromática es más notoria cuando el
vino ha permanecido largo tiempo en la botella y muy pronunciadas en
aquellos casos en que a esta condición se suma un embotellado
prematuro, es decir antes de haber completado el proceso de crianza
en vasijas.
Por supuesto es más frecuente encontrar aromas a "reducido", como se
llaman en la jerga especializada, en los vinos tintos que en los
blancos, por el simple hecho de que los tintos suelen permanecer más
tiempo en botella.
¿Qué hacer entonces?
Si estamos ante un vino que por su prolongado tiempo de botella,
suponemos puede tener aromas reducidos, debemos ventilarlo.
El destape anticipado sólo servirá en los casos en que la
contaminación aromática sea muy leve.
La pequeña superficie del vino en el cuello de la botella representa
un área de intercambio demasiado pequeña para permitir que los gases
disueltos escapen en un tiempo razonable. Para los caos más severos
es preciso transferir el vino a una frasca, una hora o algo más,
antes del servicio.
De todos modos un vino tinto en buen estado de conservación, que
haya tenido un tiempo de botella inferior a los tres años, no
debería presentar rastros de reducido y por lo tanto no requiere
ventilación alguna.
La primera copa
¿A quién servir?
La primera copa de vino debe servirse a quien haya elegido el vino o
al agasajado de la mesa.
¿Qué cantidad servir?
La cantidad a servir no debe exceder un tercio del volumen de la
copa pero tampoco debe ser mucho menor. Volúmenes muy pequeños
sufrirán un cambio muy rápido de temperatura y además no desprenderá
suficiente cantidad de aroma como para percibir correctamente las
cualidades del vino en cuestión. Volúmenes mayores dificultarán el
movimiento del vino en la copa sin que se produzcan derrames.
La degustación
Para comprender los pasos de la degustación es necesario primero
hacer un repaso del funcionamiento de nuestro aparato sensorial.
En la degustación intervienen los cinco sentidos: El oído, La vista,
El tacto, El olfato y El gusto.
El oído
Resulta difícil imaginar en qué interviene el oído. Lo cierto es que
sólo los catadores más avezados saben algunos de los caracteres del
vino prestando atención al ruido que éste hace al encontrarse con el
vidrio. Los vinos de más cuerpo o más viscosos producen un sonido
más apagado, mientras que los más ligeros producen un ruido
cantarino.
La vista
Este es quizás el sentido más utilizado, especialmente en esta época
en que lo visual ocupa un espacio tan importante.
La vista nos da información rápida y precisa sobre lo que sometemos
a su examen. De todos los sentidos es el más fácil de confundir y la
información que registra y transmite al cerebro ocupa buena parte de
nuestra capacidad de atención. En la vista confiamos más allá de la
lógica, tal como lo demuestra constantemente los prestidigitadores.
El buen aspecto de un alimento lo hace apetitoso, se dice que uno
"se lo come con los ojos".
Contrariamente un alimente que presente un aspecto visual inadecuado
resultará menos atractivo y hasta rechazable.
Experiencias realizadas con personas a las que se les dieron a
probar alimentos conocidos con coloraciones diversas, asignaron
sabores distintos a cada coloración, a pesar de no existir ninguna
diferencia perceptible en el aroma o el sabor de cada muestra.
El examen visual del vino en la copa es paso previo obligado en la
degustación. Nos dará información sobre la limpieza, transparencia,
coloración y tonalidad del vino.
Esto sirve a varios efectos. Nos brindará un cierto grado de
información sobre el estado de conservación de ese vino. La
turbiedad, por ejemplo, nos indica la presencia de materias sólidas
en suspensión, ya sea provenientes de un proceso de filtrado
deficiente (muy poco frecuente en los vinos actuales) o bien
resultantes del deterioro en botella.
También nos dará idea de la evolución y edad del vino. Con el paso
del tiempo los vinos blancos se tornan amarillentos, y los tintos
viran de color rojo violáceos al color rojo anaranjado.
En el plano de la apreciación, una buena apariencia nos dará placer
por su belleza. Entre los catadores el aspecto visual se denomina
"vestido". La buena apariencia predispone positivamente.
¿Cómo se mira el vino?
Hay que observar primero la superficie. Los brillos y reflejos de la
buena calidad, mientras que las veladuras u opacidades nos indican
deterioros.
La observación a trasluz se practica desde arriba o bien desde los
lados. Para una buena observación es muy importante tener buena
iluminación. La observación a trasluz conviene hacerla sobre un
fondo blanco iluminado (por ejemplo un mantel blanco), más que
contra una fuente de luz. Para apreciar mejor la profundidad y
calidad del color, se inclina la copa y así se aprecia la apariencia
del vino en los distintos espesores que se forman.
El olfato
El olfato es el más importante de los sentidos que intervienen en la
degustación de los alimentos. Aproximadamente el 75% de todas las
sensaciones que vulgarmente llamamos "gusto" son en realidad mezclas
sabor y aromas. Basta recordar qué nos sucede con los sabores cuando
estamos resfriados. Por otra parte el olfato es muchas veces más
sensible que el gusto.
Los olores y aromas son percibidos por la mucosa olfativa, que es
una superficie pegajosa ubicada e n la parte del conducto nasal más
cercana al cerebro. Las moléculas de substancias aromáticas que
ingresan al conducto nasal son llevadas por el aire hasta este
tejido de escasa superficie, donde se hallan dispuestas en apretado
tejido una gran cantidad de células nerviosas que reaccionan ante
los estímulos químicos y envían información al cerebro.
En el cerebro hay un archivo formado por el recuerdo de las
experiencias olfativas acumuladas a lo largo de la vida. Cuanto más
rica experiencia, más amplio es el archivo. El olfato humano es
capaz de distinguir hasta 10.000 aromas diferentes con una sutileza
que todavía no han sido alcanzada, ni lejos, por los más
sofisticados equipos de análisis.
El olfato, por otra parte tiene un poder evocador muy grande. Un
olor a pasto recién cortado o a pan fresco, es suficiente para
crearnos una sensación emocional intensa. Un olor que nos resulta
familiar y agradable nos tranquiliza, un olor desagradable o
desconocido nos pone tensos y alertas. El olfato funciona también
como un sistema de alarma.
Dado que un aroma no se puede describir, para referirnos a él
debemos referenciarlo con algo de olor conocido y fácilmente
identificable. Así decimos que algo huele a rosas o a manzanas, etc.
A efectos de poner un poco de orden en el vocabulario a emplear para
designar a los aromas, los técnicos establecieron una clasificación
en series, y dentro de estas series palabras que definen los aromas
que aparecen en el vino.
Las series son:
Animal, Balsámico, De Madera, Químico, Especiado, Empireumático,
Ésteres, Floral, Fruta y Vegetal.
La serie Animal corresponde a los olores almizclados, a carne, a
cuero, etc.
Balsámicos son los olores resinosos (alcanfor, mentol, etc.). La
serie de Maderas está referida a la evolución de los taninos del
vino o bien a los transferidos por las barricas de roble. El grupo
de los Químicos reúne a los olores sulfurados, acéticos,
ferruginosos, a tinta china, etc.. La serie de los Ésteres está
representada por los alcoholes superiores, los ésteres etílicos,
acéticos, ésteres de ácidos grasos, todos ellos producidos durante
la fermentación alcohólica.
Los vinos hechos a partir de ciertas variedades nobles muy
complejas, o los grandes vinos con añejamiento suelen presentar
notas que incluimos entre las Especiadas. Los olores Empireumáticos
son los olores a quemado, ahumado, o cocido. Los frutales, Florales
y Vegetales no requieren explicaciones y se los encuentra casi
exclusivamente en los vinos jóvenes.
¿Cómo se huele el vino?
La primera olfacción se practica con la copa quieta, introduciendo
la nariz en su boca, y aspirando profundamente.
Los aromas que se perciben primero, denominados Primarios
corresponden a las substancias más volátiles, y son en su mayoría
los aromas pertenecientes a la fruta, es decir a la uva de la que
fue hecho el vino.
Se practica a renglón seguido, una segunda olfacción luego de haber
agitado el vino en la copa. La agitación se logra moviendo la copa
en sentido circular. Esto hace que se desprendan las substancias
aromáticas más pesadas. Son estos los aromas Secundarios, o
pertenecientes a substancias desarrolladas durante la elaboración.
En todo momento hay que estar alerta para detectar virtudes y
también posibles defectos aromáticos. Normalmente aquello que huele
mal sabe mal y este es el momento de anticiparlo.
Hay otro grupo de aromas, llamados TERCIARIOS, que son los de las
substancias desarrolladas durante el envejecimiento del vino.
También se llama BOUQUET a este conjunto de aromas, aunque a veces
se utiliza esta palabra para referirse a la totalidad de los aromas
del vino.
El tacto
Tanto la piel de los labios como la lengua y las paredes interiores
de la boca están densamente pobladas de terminaciones nerviosas que
reciben impresiones Táctiles. La lengua es especialmente sensible a
estos estímulos.
El tacto permite percibir sensaciones de frío/calor, o sea
sensaciones térmicas, y también de suavidad o aspereza.
¿Cómo se registran las sensaciones táctiles?
Obviamente hay que comenzar por poner un sorbo de vino en la boca.
Una cantidad suficiente como para llenar la boca de manera parcial,
pero no tan grande que provoque deseos irrefrenables de tragar,
Cantidades muy pequeñas serán rápidamente diluidas por la saliva.
Mediante movimiento de la lengua y los carrillos se trata de lograr
que el vino recorra todos los espacios de la boca.
Las sensaciones de frío o frescura pueden ser aparentes o
verdaderas. Las aparentes resultan de la sensación de frescura que
producen algunos compuestos tales como los ácidos, mientras que las
verdaderas son producidas por la temperatura del vino. La calidez es
el resultado de la temperatura elevada o de la presencia excesiva de
alcohol. El alcohol produce una sensación ardiente cuando su
concentración se eleva. De allí el nombre de aguardiente con que se
distingue a las bebidas de alta graduación.
El gusto
Brillat-Savarin creía que los sabores eran infinitos. En realidad
confundía la mezcla de los gustos con los aromas que sí producen una
gama casi interminables de sabores. El sentido del gusto es capaz de
percibir sólo cuatro diferentes gustos:
Dulce
Ácido
Salado
Amargo
El órgano responsable de esta percepción es la lengua y obtiene la
información por la acción de las papilas gustativas que están
distribuidas en su superficie. Hay cuatro tipos de papilas y cada
uno tiene una misión bastante específica.
Son: Fungiformes, Filiformes, Foliadas y Caliciformes.
Las Filiformes solo perciben sensaciones táctiles. Las Fungiformes y
las Foliadas perciben preponderantemente el dulce, el ácido y el
salado, mientras que las Caliciformes perciben el sabor amargo. Las
papilas tienen un diferente tiempo de reacción. Las que perciben el
dulce lo hacen en forma casi instantánea y por 2 ó 3 segundos
dominan el campo de atención.
Entre los 5 y los 8 segundos de percepción del gusto dulce da paso a
la del ácido, el salado y finalmente el amargo. Todo el proceso de
transición demora unos 12 segundos. Esto determina el tiempo que el
vino debe permanecer en la boca para apreciar el sabor en todo su
potencial.
Tanto la apreciación táctil y la gustativa se realizan en la boca y
a un mismo tiempo. Las dos apreciaciones son parte del llamado "paso
de boca", que se complementa luego con el post gusto.
En el paso de boca se percibe sensaciones complejas que resultan de
la combinación de impresiones olfativas, gustativas y táctiles.
Estas sensaciones de presencia los definimos usando expresiones
volumétricas. Decimos así que un vino es largo, o corto, ancho o
estrecho y en la misma línea que es voluminoso o pequeño. Estas
descripciones están referidas al cuerpo o consistencia del vino como
así también a su persistencia, complejidad y amplitud.
El postgusto es la sensación que queda en la boca luego de haber
tragado el vino. Esta sensación compleja es la conjunción de todas
las sensaciones percibidas en el paso de boca y el aporte de
aroma-sabor que se percibe al llegar los vapores de la boca hasta la
mucosa olfativa por la vía retronasal.
Concluiremos diciendo que el vino es para ser bebido. La erudición o
acumulación de conocimientos teóricos no servirá de nada si no los
aplicamos a entender y disfrutar más de esta incomparable bebida a
través de la experiencia atenta y cuidadosa. Por ello, entrenemos
nuestros sentidos y démosle oportunidad de apreciar y cumplir la
función de elegir aquello que nos gusta de verdad, no lo que otros
nos dicen que es bueno. El mejor vino es aquel que nos gusta, es
verdad, pero existen muchos vinos que no hemos probado y que tal vez
superen a los conocidos. La única manera de descubrirlos es
probarlos.