Vamos a hacer un rápido paseo por la elaboración de la noble bebida
que nos tiene como sus amantes, luego iremos profundizando en cada
punto en particular. Comencemos con lo más elemental, todos
acordamos con la premisa de que el vino es el resultado de la
fermentación de las uvas o del jugo de uvas, el asunto es cómo se
llega hasta la botella.
Una vez recolectadas las uvas en el punto de maduración elegido, y
luego de desechar los racimos que no estén en buen estado, se
produce el estrujado con el propósito de romper los hollejos y sacar
el jugo, actualmente se ponen en una máquina que se llama
estrujadora, pero el método tradicional era el pisado, que según sus
leales seguidores es la mejor manera de romper las uvas. Una vez
terminada esta tarea, el mosto se deja reposar en cubas o depósitos
que pueden ser abiertos o cerrados, cuidando de manera bastante
rigurosa los vaivenes de la temperatura, este es el momento en el
que las levaduras convierten el azúcar de la uva en alcohol, lo que
es lo mismo que decir, que el jugo comienza a transformarse en vino.
Es importante que durante el período de fermentación los hollejos
sean removidos y sumergidos con regularidad para que cedan sin
mezquindad taninos, aromas, colores y sabores.
Las uvas del vino tinto se estrujan antes de la fermentación, y una
vez finalizada ésta se descuba con cuidado lo que se llama el "vino
de lágrima". La masa sobrante de pulpa se pone en una prensa para
conseguir lo que justamente da en llamarse "vino de prensa". Son
pocos los vinos fermentados en barricas, pero a los que se pretenden
como mejores se los suele envejecer en barriles de roble de unos 225
litros, durante un período que suele variar entre cuatro meses y dos
años, para que acunados por la madera desarrollen su complejidad.
Durante esta fase los pequeños toneles deben ser rellenados
periódicamente para compensar la evaporación, y el vino tiene que
ser trasegado, esto es trasladado de una barrica donde quedará
depositado el sedimento a otra limpia. Antes de ser embotellado debe
clarificarse para eliminar impurezas, y la mayoría también es
filtrado para otorgarle un grado de estabilidad mayor, aunque los
principales productores dejan de lado esta última tarea porque
opinan que le quita su verdadero carácter.
El caso de los blancos es hasta cierto punto similar al de los
tintos, pero como tiene algunas diferencias, hacia allí vamos.
Hay un elemento que es necesario tener en cuenta cuando se trata de
uvas blancas y es que son mucho más delicadas que las tintas, y se
estropean más fácilmente ya sea por maltrato en los traslados como
por demoras, por eso hay que manipularlas con sumo cuidado y el
procedimiento hasta el momento del prensado se realiza con tiempos
acotados.
En los vinos blancos el prensado se hace antes de la fermentación, a
las uvas se les extrae el jugo que luego se hará fermentar solo. La
diferencia de sabor y de estructura entre tintos y blancos reside en
esta etapa, porque los hollejos le transmiten al caldo el color, los
taninos, y los componentes aromáticos. De hecho se puede hacer vino
blanco de uvas negras siempre que se prensen antes de la
fermentación. Aunque también es cierto, que hay casos de blancos
específicos en los que los vinicultores permiten el contacto con el
hollejo, un período de pre prensado de algunas horas, para conseguir
aromas y sabores adicionales.
Antes de la fermentación el mosto debe ser aclarado, esto puede ser
hecho por filtración, centrifugado o por estabilización en frío. La
duración y la temperatura de la fermentación dependen del tipo de
vino que se esté buscando, cuando se trata de uno ligero, de poco
cuerpo, pero aromático, se suelen fermentar muy lentamente por un
lapso de hasta cuatro semanas a temperaturas de hasta 10º C, para
mantener la frescura de la uva. Generalmente se hace en depósitos de
acero inoxidable en los que se puede ejercer un estricto control de
la temperatura, lo que hace más fácil vigilar el desarrollo de las
levaduras, que a su vez facilita la concreción del vino buscado. Los
blancos tradicionales, con más cuerpo tienden a fermentar con más
rapidez a temperaturas más altas, pueden llegar a los 25º C, y en
estos casos sí se hace en barricas de roble que le aportarán sabores
más complejos.
Algunos vinos son envejecidos en roble nuevo, o se les aplica una
dosis de astillas de roble, método económico que le aporta cierto
sabor. Como ocurre con los tintos, los blancos también son
trasegados, en la mayoría de los casos son filtrados, y luego
embotellados en un período que varía entre los cuatro y los veinte
meses.
La fermentación maloláctica
Su nombre decididamente suena a leche, ¿nunca les pasó que sienten
que un vino tiene olor a queso? Huelan con esmero que no es
necesario demasiada práctica para descubrirlo. Cuando es como una
bocanada de aire, algo así como un toque sutil más bien mantecoso,
sólo nos informa que tuvo lugar la mentada fermentación, pero cuando
es demasiado obvio se debe que la maloláctica fue interrumpida antes
de que culminara su ciclo como es debido.
Como ya hemos visto, la fermentación es la conversión de azúcares en
alcohol por acción de las levaduras, con desprendimiento de dióxido
de carbono. Esto es así menos en la fermentación maloláctica, que es
la transformación de ácido málico en láctico, aquí no entran en
juego las levaduras sino las bacteria lácticas, y si bien comparten
el desprendimiento de CO2, esto ocurre en menor medida.
¿Cuáles son entonces las ventajas que ofrece esta fase? Le quita
acidez al vino, lo vuelve como decíamos antes más mantecoso, más
pulido y lo hace más estable, y esto último es de vital importancia
porque la maloláctica se podría producir de manera espontánea en
botella con los consiguientes inconvenientes que dicho
acontecimiento acarrearía, expulsión del corcho, excesivos
sedimentos y pérdidas de limpidez.
Volvamos al proceso. Éste se realiza después de la fermentación
alcohólica sembrando la bacteria adecuada, claro que como las
bacterias se pueden encontrar en los hollejos, sarmientos y hojas,
siempre hay vinicultores que se inclinan por una manera menos
intervencionista y prefieren que todo ocurra naturalmente cuando las
temperaturas comienzan a subir al llegar la primavera.
¿En qué vinos se lleva a cabo este tipo de fermentación? En casi
todos los tintos; en muy pocos blancos, sólo en esos que han sido
fermentados en barricas, de mayor nivel alcohólico, más
estructurados, más complejos, que necesitan sentirse un poco más
untuosos; en algunos de los llamados generosos como el Oporto, o el
Madeira, donde se hace antes de que sean encabezados para
suavizarlos y que los taninos se integren. Esto es, muy a grandes
rasgos, la famosa maloláctica, he omitido las fórmulas químicas,
porque me llevé merceología y tardé mucho en rendirla, y si bien la
aprobé, esas cadenas con letras, flechas y demás todavía me producen
cierto escozor.
Otros procesos de la vinificación
Como a veces suelen hacer algunas maestras de lengua o de idiomas
extranjeros, vamos a confeccionar aquí nuestro propio diccionario
con palabras que solemos escuchar cuando se habla de vinos y que se
refieren a técnicas que no siempre son debidamente explicadas,
incluso algunas de ellas son repudiadas por quienes consideran que
debe hacerse la mínima intervención posible cuando la acción a
realizar puede significar una variación en el carácter del vino.
Como no podía ser de otra manera tratándose de expresar mejor el
vocabulario, y para no enredarnos en desarrollos que más que aclarar
oscurezcan nos remitimos fundamentalmente al inolvidable Larrouse.
Qué es la famosa clarificación. El vino cuando está recién elaborado
contiene materias en suspensión que pueden ser levaduras, o algo de
pulpa o del hollejo que es necesario retirar. Es el famoso poso que
se suele formar en algunos vinos tintos considerados de calidad, a
los que se les deja a propósito determinada cantidad. Pero a la
mayoría de los caldos se los somete a la clarificación, que consiste
en agregarles una sustancia, que según los casos puede ser clara de
huevo, cola de pescado, arcilla bentonita y hasta sangre, que
absorbe y precipita las materias sólidas al fondo de las barricas o
tanques. Esta práctica debe realizarse con sumo cuidado ya que puede
suprimir parte de los taninos y de los aromas.
De qué se trata el trasiego. Es simplemente pasar el vino gravedad
mediante o con la ayuda de una bomba, de una barrica a otra. Se
lleva a cabo después de la clarificación con la intención de dejar
en el fondo esas materias indeseables que mencionábamos antes.
Además sirve para airear el vino.
El Filtrado. Es la acción por la cual mediante filtros se retiran
partículas de un tamaño específico como por ejemplo las células de
las levaduras para evitar una segunda fermentación.
El centrifugado. Como en un lavarropas este procedimiento hace girar
el vino en el interior de un tambor desplazando las materias sólidas
hacia la periferia de manera de poder extraerlas. Demasiado
centrifugado puede privar al noble jugo de sus mejores aromas. Sus
defensores se aferran a que de esta forma se evita el uso de
químicos y el filtrado.
Para qué llevar a cabo la pasteurización. Esta es otra forma más de
eliminar bacterias y levaduras con el fin de evitar otra
fermentación. El vino se calienta por un corto período a 85 º
centígrados, o un rato más si la temperatura es menor. Opositores a
la medida declaran que de este modo se mata al vino que ya no
seguirá evolucionando en botella.
Cuándo es necesario un ajuste de acidez. Existen caldos que por
naturaleza son poco ácidos lo que los hace correr el riesgo de
arruinarse con facilidad, es por eso que se les suele adicionar
ácido ascórbico, vitamina C, que actúa como antioxidante y mejora el
gusto. No todos los países productores autorizan esta metodología.
Qué es el atestamiento. Durante su estadía en barricas es inevitable
que cierta cantidad de vino se evapore, entonces para evitar la
oxidación se le agrega el producto de otra barrica hasta cubrir el
faltante.
(Más sobre el roble y otros temas relacionados con la vinificación
en nuestra sección
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